Caminar entre 20 y 30 kilómetros al día exige mucho más combustible del habitual. Comer bien en el Camino de Santiago no es un lujo, es lo que marca la diferencia entre llegar con energía o arrastrarte los últimos kilómetros. Aquí tienes algunas claves sencillas.
Antes de salir
Desayuna algo con hidratos de absorción lenta, como avena, pan integral o fruta, al menos media hora antes de empezar a caminar. Evita los desayunos muy copiosos o muy grasos, que pueden sentarte pesado en las primeras horas de marcha.
Durante la etapa
- Lleva frutos secos, fruta deshidratada o barritas para picar cada hora u hora y media.
- Hidrátate con frecuencia y no esperes a tener sed, sobre todo en las etapas de calor.
- Si notas calambres o fatiga repentina, puede ser falta de sales minerales; una pastilla efervescente de electrolitos ayuda mucho.
Al terminar la etapa
En la primera media hora tras llegar al albergue conviene reponer proteína e hidratos para ayudar a la recuperación muscular: un buen plato de pasta, legumbre o arroz con algo de proteína suele ser la mejor opción. Termina el día con fruta o lácteos antes de dormir.
Escuchar a tu cuerpo y comer un poco de todo, sin pasar hambre ni sobrecargar el estómago, es la mejor estrategia para disfrutar del Camino etapa tras etapa.
Si además quieres preparar bien tu equipo antes de salir, no te pierdas nuestra guía sobre el botiquín esencial para el Camino.


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